Berger-Luckmann vs. J.Searle

Publicado: 12 de octubre de 2012 en Ensayos

 

¿La construcción social de la realidad o

la construcción de la realidad social?

 

Análisis comparativo entre las obras de Peter Berger- Thomas Luckmann y John Searle


 

Introducción

El presente trabajo se basa en las obras de Peter Berger y Thomas Luckmann, La construcción social de la realidad , y de John Searle, La construcción de la realidad social, títulos que desde el comienzo, parecen oponerse en su concepción de la realidad social – y la realidad en general-. De esta oposición intentaré dar cuenta a traveś de un análisis comparativo: la realidad que depende del ser humano en tanto su construcción colectiva, y del otro lado, la realidad social como parte de una realidad ontológicamente distinta de las representaciones humanas, que nos trasciende: el mundo externo.

 

Dividiré el trabajo en tres partes:

1- expondré las tesis fundamentales de cada una de las obras, conservando su estructura original y terminología técnica -primera y segunda partes-.

2- las compararé cambiando el orden de los conceptos y agrupándolos de forma conveniente para un mejor análisis.

 

 

 

 

 

 

 

 

La construcción social de la realidad

 

Introducción: El problema de la sociología del conocimiento

 

Berger y Luckmann exponen la tesis fundamental, implícita en el título y subtítulo del libro: que la realidad se construye socialmente y que la sociología del conocimiento debe analizar los procesos por los cuales esto se produce. Los términos clave son “realidad” y “conocimiento”.

 

La “realidad” se define como una cualidad propia de los fenómenos que reconocemos como independientes de nuestra propia voluntad porque no podemos hacerlos desaparecer. Por otro lado, el “conocimiento” es la certidumbre de que estos fenómenos son reales y de que poseen características específicas.

 

El interés sociológico en materia de realidad y conocimiento se justifica en su “relatividad social”, es decir, en las diferencias observables entre lo que cada sociedad considera como real y como conocimiento. Para esto, se hace necesaria una “sociología del conocimiento” que se ocupe de cómo éste se desarrolla, transmite y subsiste en las situaciones sociales, captando los diferentes procesos de manera tal que una “realidad” ya establecida se cristaliza para el hombre común. En otras palabra, la sociología del conocimiento da cuenta del análisis de la construcción social de la realidad .

 

I- Los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana

 

1- La realidad de la vida cotidiana

 

El propósito de la obra es un análisis sociológico de la realidad de la vida cotidiana o del conocimiento que en ella orienta la conducta. La vida cotidiana se presenta como una realidad “interpretada” por los hombres con el significado subjetivo de un mundo coherente.

 

El método más conveniente para clarificar los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana es el del análisis fenomenológico, descriptivo, empírico, pero no científico.

 

La conciencia es siempre intencional, apunta o se dirige a objetos, que aparecen ante ella como constitutivos de las diferentes esferas de la realidad. Tengo conciencia de que existen realidades múltiples y puedo moverme en ellas; sin embargo, entre estas varias esferas, existe una que se presenta como la realidad por excelencia: la vida cotidiana, a la que presto atención total. Se me presenta ya objetivada, constituida por un orden de objetos que han sido designados como tales antes de que yo existiera y que no necesito comprobar. El lenguaje me proporciona las objetivaciones indispensables y dispone el orden dentro del cual estas adquieren sentido y significado para mi. La realidad de la vida cotidiana se estructura tanto en el espacio como en el tiempo, se organiza alrededor del aquí de mi cuerpo y el ahora de mi presente, pero también abarca fenómenos que no están presentes. No puedo existir en la vida cotidiana sin interactuar con otros. Si surge un problema, algo que sale fuera de lo habitual, intentaré integrarlo dentro de lo que ya no es problemático.

 

La temporalidad es una propiedad intrínseca de la conciencia, su “torrente” está siempre ordenado temporalmente; también la intersubjetividad es temporal, esta estructura temporal es coercitiva, no puedo modificar la secuencia que me impone.

 

2- Interacción social en la vida cotidiana

 

La experiencia más importante que tengo de los otros se produce en la relación “cara a cara” durante la cual se produce un intercambio continuo de nuestra expresividad. La realidad social es aprehendida en un continuo de tipificaciones que se vuelven progresivamente anónimas a medida que me alejo de estas situaciones “cara a cara”.

 

3- Lenguaje y conocimiento en la vida cotidiana

 

La experiencia humana es capaz de objetivarse, es decir, se manifiesta en productos de la actividad humana y si la realidad cotidiana es posible, es gracias a estas objetivaciones.

Un caso especial de objetivación es la significación, es decir, la producción humana de signos, de los cuales el más importante es el lenguaje, que puede usarse para referir otras realidades, pero conserva su arraigo en la realidad de sentido comun de la vida cotidiana. Por otro lado, integra las diferentes zonas de esta realidad en un todo significativo.

 

Vivo en el mundo del sentido común de la vida cotidiana y comparto “cuerpos específicos de conocimiento” con los demás, por lo cual, mi interrelación con ellos se ve afectada por nuestra participación común en ese acopio social de conocimiento; ésto a su vez, permite la ubicación de los individuos en la sociedad y su desenvolvimiento apropiado en ella.

 

Mi conocimiento de la vida cotidiana se estructura en términos de relevancias, determinadas por mis propios intereses pragmáticos inmediatos o por mi situación general en la sociedad. Además, el conocimiento aparece distribuido socialmente, por lo tanto, no necesito saber todo lo que saben mis semejantes.

 

 

II- La sociedad como realidad objetiva

 

1- Institucionalización

 

a) Organismo y actividad:

 

Las relaciones del hombre con su ambiente se caracterizan por su apertura al mundo y el proceso por el cual se llega a ser hombre se produce en la interrelación con el ambiente. Desde su nacimiento, se ve sujeto a una serie de interferencias socialmente determinadas; no hay naturaleza humana en el sentido de un sustrato establecido biologicamente que determine la varidead socio-cultural, sino solo en el sentido de ciertas variables antropológicas que delimitan y permiten esta varidead socio-cultural. El hombre “se produce a sí mismo”.

 

La formación del yo debe entenderse de la misma manera en relación con el desarrollo del organismo, como con el proceso social, en el que los “otros” significativos median entre el ambiente natural y el ser humano. Ni el organismo ni el yo se entienden separados del contexto social particular en el que se forman. Los hombres producen juntos un ambiente social con la totalidad de sus formaciones socio-culturales y psicológicas y ninguna de ellas debe entenderse como un producto de la constitución biológica del hombre, que solo proporciona los límites para la actividad productiva humana.

 

La existencia humana se desarrolla empíricamente en un contexto de orden, dirección y estabilidad; todo desarrollo individual está precedido por un orden social dado, o sea que en primer lugar, la apertura al mundo intrínseca a la constitución biológica del hombre, está siempre precedida por este orden social. En segundo lugar, esta apertura al mundo es transformada por el orden social, que el hombre produce contstantemente en el curso de su continua externalización, y tanto por su génesis como por su existencia en cualquier momento del tiempo, no se le puede dar ningún otro estatus ontológico que no sea el de “producto del hombre”.

 

b) Orígenes de la institucionalización:

 

Toda actividad humana está sujeta a la habituacióny el acto que se repite con frecuencia y economía de esfuerzo, es aprehendido como pauta por el que la ejecuta. La habituación comporta la gran ventaja psicolóica de restringir las opciones, pero por otro lado, el trasfondo de la actividad habitualizada, abre un primer plano a la deliberación y la innovación.

 

Estos procesos de habituación anteceden a toda institucionalización y se construyen en el transcurso de una historia compartida. La institución establece que cierto tipo de acciones sean realizadas por cierto tipo de individuos; implican historicidad y control. Decir que un sector de la actividad humana se ha institucionalizado es decir que ha sido sometido al control social. Cuando dos individuos interactuan, ciertas acciones se tipifican, lo que permite que cada uno pueda predecir las acciones del otro: esta sería la ventaja primordial.

 

Al adquirir historicidad, las tipificaciones del comportamiento adquieren objetividad, así, las intituciones se experimentan como si poseyeran una realidad propia, que se presenta al individuio como un hecho externo o coercitivo.

 

Por otro lado, aunque la tendencia de la rutina es persistir, siempre existe en la conciencia de los individuos, la posibilidad de cambiarla o abolirla en su comienzo. Posteriormente, la objetividad del mundo institucional se espesa y endurece, las siguientes generaciones lo vivirán como un mundo social con realidad propia, dada, que se enfrenta al individuo de modo análogo a la realidad natural. Todas las instituciones aparecen entonces como inalterables y evidentes por sí mismas. Incluso la biografía de un individuo se muestra como un episodio ubicado dentro de la historia objetiva de la sociedad. La realidad de las instituciones no disminuye porque algún sector de la sociedad no las comprenda o las sienta como opresivas. Dado que existen como realidad externa, el individuo no puede comprenderlas por introspección, debe salir a conocerlas igual que a la naturaleza pero, de todas maneras, esta objetividad sigue siendo de producción y construcción humanas.

 

Se define como “objetivación” el proceso por el cual los productos externalizados de la actividad humana alcanzan el carácter de objetividad. Queda establecida entonces la paradoja: el hombre es capaz de producir un mundo que luego ha de experimentar como algo distinto de su producto.

 

La relación entre el hombre y su producto, el mundo social, es dialéctica e interactuan permanentemente. Son tres momentos de esta dialéctica el hecho de que: la sociedad sea un producto humano, una realidad objetiva y el hombre mismo sea un producto social.

 

La lógica que se atribuye al orden social es parte del acopio de conocimiento socialmente disponible y que como tal, se da por establecido. Dicho conocimiento se objetiva socialmente como cuerpo de verdades válidas en general acerca de la realidad y cualquier desviación que se aparte del orden institucional aparecerá como desviación de la realidad -desviación moral, enfermedad mental o ignorancia-. El conocimiento se halla en el corazón de la dialéctica fundamental de la sociedad: programa los canales en los que la externalización produce un mundo objetivo, y objetiviza este mundo a través del lenguaje y del aparato cognoscitivo basado en el lenguaje, es decir, lo ordena en objetos que han de aprehenderse como realidad. Se internaliza de nuevo como verdad objetivamente válida en el curso de la socialización. El conocimiento relativo a la sociedad es pues una realización en el doble sentido: como aprehensión de la realidad social objetiva y como producción continua de esta realidad.

 

c) Sedimentación y tradición:

 

La conciencia retiene una pequeña parte de la totalidad de las experiencias humanas, esta parte se sedimenta, es decir que queda estereotipada como entidades reconocibles y memorables. La sedimentación intersubjetiva puede llamarse plenamente social cuando se objetvia en un sistema de signos; normalmente el decisivo es el lenguaje, que objetiva las experiencias compartidas y las hace accesibles a toda la comunidad lingüísitca, con lo que se convierte en base e instrumento del acopio colectivo de conocimientos.

 

d) Roles

Si los orígenes de cualquier orden institucional se encuentran en las tipificaciones, lo mismo vale para las actividades de cada “actor”. El actor se identifica con las tipificaciones de comportamiento objetivadas socialmente en acto, pero vuelve a ponerse a distancia de ellas cuando reflexiona posteriormente sobre su comportamiento. Esta distancia entre el actor y su acción puede retenerse en la concienca y proyectarse a repeticiones futuras de las acciones. Los “roles” son tipos de actores en el contexto del conocimiento objetivado socialmente. Así es como se institucionaliza el comportamiento y las intituciones se encarnan en la experiencia individual. Al desempeñar estos roles, los individuos participan en el mundo social; al internalizarlos, ese mismo mundo cobra realidad subjetiva para ellos.

 

e) Alcance y modos de la institucionalización

 

En general, el alcance de la institucionalización, es decir, de la dimensión del sector de actividad institucionalizada comparado con el que queda sin institucionalizar, depende de cuántas estrucutras de relevancia sean compartidas por la sociedad. Las instituciones, una vez formadas, tienden a persistir, pero el proceso por el cual se forman no es irreversibe.

 

El conocimiento y su base social se relacionan dialécticamente; el conocimiento es un producto social y también un factor de cambio social. Es esencial pensar como dialéctica esta relación entre la producción social y el mundo objetivado que es su producto. Cuando esto no sucede, se produce la “reificación”, la aprehensión de los productos humanos como si fueran cosas naturales, el paso extremo en el proceso de objetivación: el hombre es capaz de olvidar que él mismo ha creado el mundo humano y la dialéctica mencionada pasa inadvertida a la conciencia. El mundo reificado se experimenta como deshumanizado, enfrentándolo al hombre como algo exterior a él mismo. La cuestión decisiva es saber si conserva conciencia de que el mundo social, aún objetivado, fue hecho por los hombres y que por consiguiente, puede cambiarse.

 

En la reificación, la relación real entre el hombre y su mundo se invierte en la conciencia; a la vez, es una modalidad de la misma, y aunque aprehenda el mundo en términos reificados, el hombre sigue produciéndolo. Volvemos a la paradoja: el hombre es capaz de producir una realidad que lo niega. Mediante la reificación, el mundo de las instituciones se fusiona con el de la naturaleza, se vive como un destino y una necesidad. De igual manera, los roles de los individuos reificados, se aprehenden como un destino del cual el sujeto no es enteramente responsable.

 

2- Legitimación

 

a) Orígenes de los universos simbólicos

 

Cuando se debe transmitir objetivaciones del orden institucional a las nuevas generaciones, surge el problema de la legitimación, que constituye una objetivación de significado de segundo orden: produce nuevos significados que integran los ya atribuidos a otros procesos de institucionalización. Así, la legitimación explica el orden institucional atribuyendo validez congnoscitiva a sussignificados objetivados.

 

Con el desarrollo de las teorías legitimadoras especializadas y su administración a cargo de legitimadores con dedicación exclusiva, trasciende la aplicación pragmática y se convierte en teoría pura. El último nivel de la legitimación lo constituyen los universos simbólicos, concebidos como la matriz de todos los significados objetivados socialmente y subjetivamente reales; toda la sociedad histórica y la biografía de un individuo se ven como hechos que ocurren dentro de ese universo, resultado entonces de los procesos de objetivación, sedimentación y acumulación del conocimiento ya analizados. El universo simbólico incluso integra las discrepancias de la vida cotidiana, revela un carácter “apaciguador” al legitimarla; ordena la historia y ubica todos los acontecimientos colectivos dentro de una unidad coherente que incluye pasado, presente y futuro, integrando todos los procesos institucionales aislados.

 

Los orígenes de un universo simbólico arraigan en la constitución del hombre. Si el hombre en sociedad es el constructor de un mundo, esto resulta posible debido a esa abertura al mundo que le ha sido dada, lo que ya implica el conflicto entre el orden y el caos. Todas las sociedades son construcciones que enfrentan el caos. La existencia humana es externalización continua; a medida que el hombre se externaliza, construye el mundo en el que se externaliza y este proceso proyecta sus propios significados en la realidad. El universo simbolico, como construcción cognoscitiva, es teórico. Todas las legitimaciones funcionan como mecanismos para mantener estos universos.

 

b) Mecanismos conceptuales para el mantenimiento de los universos simbólicos

 

En general vivimos dentro de un universo simbólico sin teorizar sobre él, experimentándolo como dado, autolegitimado por su sola exisencia objetiva en nuestra sociedad; pero cuando se convierte en un problema, surge la necesidad de legitimarlo, especialmente si un grupo de individuos genera una realidad alternativa y divergente.

 

Se pone en funcionamiento entonces, diversos procedimientos represivos cuyo uso estará legitimado por mecanismos conceptuales destinados a mentener el universo “oficial”, que son a su vez, productos de la actividad social y cuyo éxito se relaciona con el “poder” que poseen aquéllos que los manejan: la mitología, la teología, la filosofía, la ciencia son ejemplos de estos mecanismos conceptuales que han ido evolucionando históricamente. En definitiva, el enfrentamiento de universos simbólicos implica un problema de poder y su capacidad de prevalecer dependerá más del poder que detente, que de la habilidad de sus teóricos legitimadores.

 

c) Organización social para el mantenimiento de los universos simbólicos

Los universos construidos socialmente cambian, porque son productos históricos de la actividad humana, y el cambio es producido por las acciones concretas de los seres humanos. La realidad se define socialmente, pero las definiciones siempre se encarnan, los individuos concretos sirven como definidores de la realidad. Por otro lado, la habituación y la institucionalización en sí mismas limitan la flexibilidad de las acciones humanas.

 

Las relaciones entre las ideas y los procesos sociales que las sustentan son siempre dialécticas. Es cierto que las teorías se urden para legitimar las instituciones existentes, pero también se cambian las instituciones para conformarlas a teorias que ya existen, vale decir, hacerlas legítimas. Es esencial reconocer que todo universo simbólico y todas las legitimaciones son productos humanos, su existencia se basa en la vida de individuos concretos y fuera de ellas carecen de existencia.

 

 

III La sociedad como realidad subjetiva

 

 

1- Internalización de la realidad

 

a) Socialización primaria:

 

La sociedad existe tanto como realidad objetiva, como subjetiva. Se dijo en la parte II que estos aspectos se reconocen si se la trata como un proceso dialéctico compuesto de tres momentos: externalización, objetivación e internalización.

 

Lo mismo se puede decir del individuo: externaliza simultaneamente su propio ser y el mundo social, y lo internaliza como realidad objetiva, es decir: estar en la sociedad es participar en su dialéctica. Pero el individuo no nace miembro de la sociedad, sí con predisoposición a la socialidad, por lo tanto, existe una secuencia temporal por la cual el individuo es inducido a participar de esta dialéctica. El punto de partida de este proceso lo constituye la internalización: aprehensión o interpretación inmediata de un acontecimiento objetivo en cuanto expresa significado, o sea, en cuanto es una manifestación de los procesos subjetivos de otro que se vuelven subjetivamente significativos para mi. No es que comprenda adecuadamente al otro, puedo malinterpretarlo, pero su subjetividad es resultado objetivamente accesible y llega a ser significativo. La internalización es la base para comprender a los otros y luego, para aprehender el mundo como realidad significaiva y social. El primer paso es asumir el mundo de los otros. Compartimos el tiempo, existe una continua identificación mutua, y no solo compartimos el mundo sino que participamos en el ser del otro. Solo cuando se llega a este grado de internalización, se puede decir que el individuo es miembro de la sociedad. El proceso ontogenético por el cual esto se realiza equivale a la “socialización”, que es la inducción amplia y coherente de un individuo en el mundo objetivo de una sociedad o en un sector de el.

 

La socializació primaria se produce en la niñez. La sociedad, la identidad y la realidad se cristalizan subjetivamente en el mismo proceso de internalización. El lenguaje es el vehículo prinicipal para este proceso de continua traducción entre lo real objetivo y lo real subjetivo.

 

 

 

b) Socialización secundaria

 

Es la internalización de submundos institucionales o basados sobre instituciones. La división del trabajo y la distribución social del conocimiento determinan su carácter y alcance.

 

 

c) Mantenimiento y transformación de la realidad subjetiva

 

Como la socialización nunca se termina y los contenidos que internaliza son continuamente amenazados en tanto realidad subjetiva, toda sociedad debe desarrollar procedimientos para mantener la realidad y guardar cierto grado de simertía entre la realidad subjetiva y la objetiva.

 

El diálogo es el vehículo más importante para el mantenimiento de la realidad; el “aparato conversacional” de la vida cotidiana mantiene, modifica y reconstruye continuamente la realidad subjetiva. El diálogo casual que refiere a rutinas del mundo que se da como establecido, su acumulación y coherencia, dan solidez a la realidad subjetiva, de la cual depende la estructura de la “plausibilidad específica”, base social para la suspensión de dudas, sin la cual la definición de realidad no puede mantenerse en la conciencia.

 

Todo lo dicho implica la posibilidad de que la realidad subjetiva se transforme. Vivir en sociedad comporta un proceso continuo de modificación de la realidad subjetiva. Por eso, la “alteración” -transformaciones totales-, requiere procesos de re-socialización parecidos a la sociabilizacion primaria.

 

2- Internalización y estructura social

 

La socialización siempre se efectúa en el contexto de una estructura social específica. Tanto su contenido como su grado de éxito tienen consecuencias socio-estructurales. La identidad del individuo se halla sumamente perfilada en el sentido de que representa totalmente la realidad objetiva dentro de la que se ubica. “Todos somos lo que se supone que seamos”.

 

3- Teorías de la Identidad

 

La identidad se forma por procesos sociales, determinados por la estructura social; una vez que se cristaliza es mantenida, modificada o aún reformada por las relaciones sociales. Reciprocamente, las identidades producidas por el interjuego del organismo, conciencia individual y estructura social, reaccionan sobre la estructura social dada, manteniéndola , modificándola o reformándola. La identidad es un fenómeno que surge de la dialéctica entre individuo y sociedad. Por otra parte, también los tipos de indentidad son productos sociales. La situación psicológica se relaciona con las definiciones sociales de la realidad en general.

 

4- Organismo e identidad

 

El organismo mismo afecta y es afectado por la actividad constructora de la realidad del hombre. En la socialización, la animalidad del hombre se transforma sin ser abolida; la sociedad internviene incluso en el funcionamiento del organismo. El hombre está biológicamente predeterminado a construir y a habitar un mundo con otros, mundo que se convierte para él en la realidad dominante y definitiva. Sus límites los traza la natrualeza, pero una vez construido, ese mundo vuelve a actuar sobre la ésta. En la dialéctica entre la naturaleza y el mundo socialmente contruido, el organismo se transforma. El hombre produce la realidad y por lo tanto se produce a si mismo.

 

 

Conclusión

La sociologia del conocimiento y la teoría sociológica

 

Lo expuesto sobre el papel del conocimiento en la sociedad ha sido con el fin de redefinir los problemas y tareas de la sociología del conocimiento. Integrar este análisis al cuerpo de la teoría sociológica requiere considerar fundamentalmente la relación dialéctica entre las realidades estructurales y la empresa humana de construir la realidad en la historia; se ha demostrado que una sociología puramente estructural está expuesta al peligro de reificar los fenómenos sociales.

 

La sociología del conocimiento entiende la realidad humana como realidad construida socialmente, y como la construcción social ha sido tradicionalmente un problema filosófico, pero que en la actualidad la misma filosofía parece considerarlo trivial, el sociólogo podria verse como el “heredero” de estas cuestiones filosóficas.

 

La concepción presentada de la sociología en general implica su ubicación junto a las ciencias que tratan del hombre “en cuanto hombre”, y en este sentido, constituye una ciencia humana. Su objeto de investigación es “la sociedad como parte del mundo humano, hecho por hombres, habitado por hombres y que, a su vez, forma hombres en un proceso histórico continuo.”

 

 

 

La construcción de la realidad social

 

Introducción

 

Searle comienza planteando la distinción entre “hechos brutos” y “hechos institucionales” (HI), para elaborar a partir de aquí, una teoría sobre la estructura lógica de la construcción social de estos últimos.

 

Se puede no aceptar la distinción básica: reduciendo todo a hechos brutos, lo cual carecería de toda informatividad (Searle ni siquiera considera esta variante) o bien sostener que todos los hechos son institucionales, es decir, que la realidad es socialmente construida. El autor polemizará contra esta postura por tres vias: muestra que hay una confusión entre la descripción lingüística y el hecho en sí (entre el enunciado y el hecho que este enuncia); muestra que la construcción de HI y de realidad social procede de acuerdo con la lógica de atribución colectiva de funciones en orden ascendente, cuya base última es necesariamente el hecho bruto; y en tercer lugar, que el uso mismo del lenguaje presupone la existencia de un mundo exterior independiente de las necesidades humanas de conocimiento. Los últimos tres capítulos serán una defensa del Realismo Externo (RE), que Searle considera “persupuestos de cualquier filosofía sana”.

 

En los capítulos de 1 a 5 desarrollará una teoría general de la ontología de los hechos sociales y de las insituciones . La pregunta esencial que intentará contestar es: ¿Cómo construimos una realidad social objetiva?

 

 

1-Las piedras angulares de la realidad social

 

Tenemos aquí una primera definición de HI: hechos que dependen del acuerdo humano para existir, es decir, dependen de las instituciones humanas. Son objetivos, porciones del mundo real, pero con esta especial dependencia.

 

Algunos han sostenido que “toda la realidad” es una creación humana. El autor intentará defender que “hay una realidad totalmente independiente de nosotros”. Para ello, comenzará con una especie de “metafísica de las relaciones sociales cotidianas”: el ejemplo de una persona en una cafetería, pidiendo algo para beber, pagando, etc., contiene una “carga metefísica” tan grande en cuanto a los HI, que no se sabe “como podemos soportarla”, dice Searle irónicamente. El niño crece en una realidad social que le es dada y que le resulta tan “natural como una piedra”. Siendo esta realidad social creada por nosotros para nuestros propósitos, se nos presenta incluso mucho más inteligible que el mundo natural.

 

Para entender la estructura de la realidad social, necesitamos ver cómo se ajusta esta realidad con nuestra “ontología general”, cómo se relaciona con otras cosas existentes. En general, el grueso de la metafísica deriva de la física: la teorìa atómica y la teoría biológica evolucionaria, según las cuales, el mundo consiste en entidades que describimos como partículas en campos de fuerza, organizadas en sistemas, cuyas fronteras están fijadas por relaciones causales. La conciencia es un rasgo biológico, físico, pero también mental de ciertos sistemas nerviosos de nivel superior: nosotros. De la conciencia viene la intencionalidad: la capacidad de la mente de reperesentarse objetos y estados de cosas mundanos, distintos de nosotros mismo.

 

¿Cómo se puede dar cuenta de la existencia de hechos sociales dentro de esta ontología? Antes que nada, es necesario distinguir los conceptos de:” objetivo/subjetivo” y “ontológico/epistémico”. En un sentido epistémico: “objetivo” será un juicio cuya verdad o falsedad no dependa de nosotros; en tanto que “subjetivo” será el que depende de nuestras actitudes, sentimientos o puntos de vista. En un sentido ontológico: “objetivo” y “subjetivo” refieren a modos de existencia, son predicados de entidades. Podemos formular enunciados subjetivos sobre entidades ontológicamente objetivas y enunciados epistémicamentes objetivos sobre entidades ontológicamente subjetivas.

 

Como vemos, Searle deja de lado la tradicional distinción entre mente y cuerpo, proponiendo pensar la mente como “un conjunto de rasgos de nivel superior del cerebro”, a la vez mentales y físicos. Así, intentará mostrar que la cultura es construida a partir de la naturaleza.Para ello, la distinción básica será entre los hechos brutos, intrínsecos a la naturaleza y aquellos que existen “en relacion con la intencionalidad de los observadores o usuarios”.

 

Este segundo tipo de hechos, tiene rasgos epistémicamente objetivos (un destornillador es reconocido por todos nosotros como tal), pero a su vez, son ontológicamente subjetivos (es un destornillador en relacion a nosotros, que lo usamos como tal, no como un objeto en la Naturaleza). Se define como “rasgos intrínsecos” de la realidad a “aquellos que existen independientemente de todos los estados mentales, salvo los estados mentales mismos, que son también rasgos intrínsecos de la realidad”. Como vemos, para entender el modo en que existe la realidad social, es básico considerar el entrecruzamiento de estas distinciones: lo intrínseco y lo relativo al observador, lo objetivo y subjetivo ontológico, la objetividad y subjetividad epistémicas.

 

Hay tres elementos para dar cuenta de la realidad social: la asignacion de función, la intencionalidad colectiva y las reglas constitutivas -posteriormente, Searle agregará “el trasfondo” de capacidades que los humanos tienen para lidiar con su entorno-.

 

La asignación de función: asignamos funciones a objetos naturales, o los construimos con cierta función, por lo cual se ve que las funciones de los objetos son relativas al observador. En la Naturaleza no existen hechos funcionales maś allá de los causales. Estas funciones serán “agentivas” o no, dependiendo de si son o no usos que los agentes dan intencionalmente a los objetos. Algunas funciones no se dan con un propósito, sino que constituyen una explicación teórica de un fenómeno (no agentivas). Las agentivas se imponen y necesitan de la continua intencionalidad del usuario para mantenerse.

Por otro lado, hay una intencionalidad subjetiva y una colectiva. La colectiva es “un fenómeno biológico primitivo que no puede ser reducido a, o eliminado en favor de, otra cosa”. Se trata de una “nosotros-consciencia”, un sentido del hacer algo juntos, que no es lo mismo que la intencionalidad individual. Cada individuo, actuando en conjunto, piensa como un “nosotros”, no como un “yo”, pero dentro del propio “yo”, no es que haya una especie de “super mente flotante por encima de las mentes de los individuos”. Un hecho social, será entonces, “cualquier hecho que entraña intencionalidad colectiva”, y una subclase de estos, los HI, que necesitan de las instituciones para eixistir.

 

Para definir una “institución”, se ha de considerar la distinción entre reglas constitutivas (no solo regulan sino que crean la posibilidad de ciertas actividades, por ejemplo, los juegos) y regulativas (regulan actividades que exiten previamente). La regla fundamental que caracteriza los hechos sociales puede explicitarse así: “X cuenta como Y en el contexto C”. Ahora podemos decir, que los HI existen solo dentro de sistemas de reglas constitutivas que crean la posibilidad de su existencia.

 

2- La creación de hechos institucionales

 

Muchos conceptos que nombran HI parecen “autorreferenciales”: para que algo sea dinero, tiene que ser la clase de cosa que la gente piensa que es dinero. Para salir de esta especie de circularidad, hay que distinguir entre “tipo” y “ejemplar”. La creencia de que el tipo es un “tipo” de dinero, es constitutiva del dinero, mientras que la gente puede equivocarse respecto de un “ejemplar” de dinero (porque es falso, por ejemplo). Algo puede ser una montaña aunque nadie lo crea, pero un hecho social, en parte se constituye por la actitud que tenemos respecto de éĺ.

 

Un gran número de HI pueden ser creados por declaraciones, por expresiones performativas, que “crean” el estado de cosas que representan. Otros, intuitivamente parecen fundarse sobre los hechos brutos. El dinero debe tener alguna forma física además de todo aquello que lo hace ser un HI, por eso, podemos pensar que “los HI existen en la cima de los hechos físicos brutos”. Por otro lado, los HI no pueden existir aislados, sino solo en un conjunto de relaciones sistemáticas con otros HI.

 

Existe una primacia de los “actos” sociales sobre los “objetos” sociales, de los procesos sobre los productos. El lenguaje parece decir que los objetos sociales son reales en el mismo sentido que los objetos físicos brutos, pero en el caso de los primeros, el proceso prima sobre el producto: los objetos sociales están siempre constituidos por hechos sociales y el objeto no es sino “la posibilidad contitnuada de la actividad”. Un billete es la constante posibilidad de pagar algo. En la realidad natural, en cambio, parece primar el objeto ya dado, solo podemos describirlo pero poco podemos intervenir en su proceso.

 

Según Searle, la capacidad para la conducta colectiva es biológicamente innata y las formas más simples de hechos sociales entraña formas de conducta colectiva, por lo cual, volvemos a confirmar que en la base de la estructura social siempre está la natural. El ser humano asigna funciones (agentivas) en circunstancias en que esta función no puede cumplirse meramente en virtud de los rasgos físicos intrínsecos al objeto (un destornillador), sino solo merced al acuerdo colectivo. Este acuerdo colectivo asinga un status, una “función de status”. Se requiere la cooperación humana continua en el aprecibimiento, reconocimiento y aceptacion de estas funciones de status, que tienen siempre tienen la forma “X vale como Y en C”.

 

Searle recuerda en este punto que nuestro objetivo es “encajar” esta realidad social en la ontología básica de la física, la biología y la química: “el trecho central en el puente que va de la física a la sociedad está constituido por la intencionalidad colectiva y el movimiento decisivo, en el tránsito de creación de realidad social a lo largo de este puente, es la imposición intencional colectiva de función a entidades que no pueden cumplir la función sin esa imposición.”

Hay que considerar dos cosas sobre este proceso, en relacion con la conciencia: 1- que nos educamos en una cultura en la que se da por sentada la institucion, 2- “en la misma evolución de la institución los participantes no necesitan tener conscientemente presente la forma de la intencionalidad colectiva merced a la cual imponen funciones a los objetos.”

 

El término Y de la regla constitutiva asigna un status nuevo del que carecen las entidades nombradas por X. Para crear ese nuevo status, el acuerdo y la aceptacion humanos, y otras formas de intencionalidad colectiva, son condiciones necesarias suficientes. “…el mecanismo constituye un potente ingenio generador de realidad social” , y los rótulos que forman parte de Y, son parcialmente constitutivos del hecho creado.

 

Volviendo a los HI que se crean a traves de expersiones performativas, cuando el termino X es un acto de habla, la regla constitutiva permite que el acto de habla pueda ser ejecutado como una declaración performativa que crea el estado de cosas descrito por el termino Y. La mera ejecución del acto de habla constituye la imposición de la función, creando así un nuevo HI

 

Los teŕminos X no dependen del acuerdo humano, debe haber un “algo” sobre el que imponer la función de estatus, un hecho bruto, de ahí la primacía lógica de los hechos brutos sobre los HI.

Suponer que todos los hechos son HI implicaría un regreso al infinito o circularidad en la descripción de estos hechos.

 

Los objetos sociales son como “reservas de plaza para ubicar patrones de actividades”, se trata de crear la posibilidad de actividades en curso. La nueva funcion asignada se manifiesta en los procesos más que en los objetos, por eso cada uso de la institución significa una renovación de la misma y del compromiso de los usuarios con ella.

 

3- Lenguaje y realidad social

 

Seale presenta como tesis: “el lenguaje es constitutivo de la realidad institucional”.Goza de primacía lógica sobre las demás instituciones porque para que se dé algún tipo de HI, la sociedad debe tener algún tipo de lenguaje, los HI lo presuponen. “La versión fuerte de esta tesis es que cada institución necesita de elementos lingüísticos de los hechos que están a cubierto de la institucion misma”. Mecanismos como las palabras, que significan o representan algo que va mas allá de ellas mismas, son el rasgo del lenguaje esencial para la constitución de los HI. Esta representación es hecha de un modo que es públicamente comprensible y la capacidad de simbolizar de las palabras le viene de la intencionalidad intrínseca de los humanos.

 

Hay que distinguir entre hechos que dependen y que no dependen del leguaje (cuando no necesitan de elementos lingüísticos para su existencia), y por otro lado, pensamientos que dependen o no del lenguaje (“actitudes proposicionales” como tener hambre o sed, emociones como el miedo o la ira, no dependen). Para que un hecho dependa del lenguaje, ha de cumplir dos requisistos: que las reperesentaciones mentales (como los pensamientos) sean parcialmente constitutivas del hecho y que a su vez, estas representaciones dependan del lenguaje. Los HI cumplen el primer requisito, es decir, solo pueden existir si son reprentados como existentes, si la gente tiene ciertas actitudes mentales sobre ellos. Pero satisfacer esto no implica por sí solo cumplir con el segundo requisito. De todas maneras, resulta que el movimiento de X a Y en la regla constitutiva de los HI es lingüístico, aún en los casos que no parece necesitar del lenguaje.

 

Searle intentará demostar que los pensamientos mismos que constituyen los HI dependen del lenguaje. Por un lado, algunos pensamientos son tan complejos que no podrían existir sin símbolos; por otro, un pensamiento depende del lenguaje porque el hecho al que refiere también depende; los HI son de estos casos y exigen el lenguaje con necesidad conceptual.

En la regla que conjuga X e Y, no puede haber ningún modo prelingǘístico de representar Y, porque solo X puede ser prercibido como prelingüístico en el nivel bruto. No puede haber ningún modo prelingüístico de formular el acuerdo colectivo necesario para diseñar las funciones de status que originan los HI. Las funciones agentivas, en cambio, no parecen depender de esa manera del lenguaje. Necesitamos el lenguaje para transitar del objeto X al Y (status deòntico de los HI) porque el paso consistente en imponer la función Y al objeto X es un paso simbolizador.

 

Hay que tener en centa que, aunque el lenguaje mismo es un HI, no podemos decir que necesite del lenguaje, seria una circularidad. El status no puede existir sin marcadores que parcialmente lo constituyen, pero en el caso del lenguaje, justamente está diseñado para un tipo “autoidentificatorio” de HI. El paso que media entre el status bruto y el institucional, es un paso lingüístico, necesita del pensamiento, y el vehículo del pensamiento es el lenguaje. Las palabras no valen como objetos prelingüísiticos. Dirá textualmente Searle: “la capacidad para vincular un sentido, una función simbólica, a un objeto que no tiene ese sentido intrínsecamente es la condición previa no solo del lenguaje, sino de toda realidad institucional. La capacidad preinstitucional para simbolizar es la condición de posibilidad de la creación de todas las instituciones huamanas” (p.89)

 

En general, la relación “vale por” requiere de la existencia de algún objeto que existe independiente del símbolo que vale por el; los símbolos no crean cosas sino la posibilidad de referirse a ellas, pero en cuanto a los objetos institucionales, la simbolización sí crea las categorias ontológicas mismas de estos objetos. Y una vez creadas, podemos también distinguir entre sentido y referencia para estos objetos.

 

Resumiendo las razones por las cuales los HI necesitan del lenguaje:

1- el lenguaje es epistémicamente inidispensable, porque no se pueden iferir las funciones de status de las puras propiedades físicas, se necesitan rótulos.

2- los HI, por ser instrínsecamente sociales, deben ser comunicables

3- los fenómenos sociales son muy comlejos, necesitamos del lenguaje para representar tanta información

4- los HI persisten en el tiempo independientemente de los estados psicológicos prelingüísticos de los participantes.

 

 

4- La teoría general de los HI,

primera parte: iteración, interacción y estrucutura lógica

 

Hemos de hacer aquí dos discernimientos básicos:

1- la estructura “X cuenta como Y en C” puede iterarse, es decir, podemos imponer funciones de status a entidades que ya llevan funciones de status impuestas anteriormente. Estas iteraciones proporcionan la estructura lógica de las sociedades complejas.

 

2- puede haber sistemas entreverados de esas estructuras iteradas que operan a lo largo del tiempo. El matrimonio y la propiedad, por ejemplo, nacieron de hechos físicos e intencionales: la cohabitación y la posesión física. Añadimos un sistema de responsabilidades, deberes, derechos y poderes colectivamente reconocidos y así se substituyen los hechos físicos por los HI

 

Creamos un nuevo HI usando un objeto con una función de status ya existente; las elaboradas instituciones evolucionan como estructuras institucionles por via de la imposición colectiva de funciones de status a las relaciones maś primitivas. Por eso, no hay una separación tajante entre hechos sociales y los HI, solo una transición gradual, y el criterio para diferenciarlos es si hay o no función de status nueva.

 

Searle se pregunta cómo es posible que una sociedad organizada tenga una estructura lógica: porque contiene representaciones mentales y lingüísticas como elementos constitutivos, y éstas tienene estructura lógica.

 

Por otro lado, sostiene que las instituciones no se mantienen por la fuerza sino por la aceptación colectiva del sistema de funciones de status, y colapsan cuando se pierde esta aceptación. No hay una motivación única para el reconocimiento y mantenimiento de los HI, pero la gente los reconoce y coopera aunque no saque ventajas de ello. Las relaciones entre motivación, interés propio, estructura institucional y cambio institucional no son simples, en general, las funciones de status colectivamente impuestas son “asuntos de poder”, la estructura misma de los HI son estructuras de poder, y esta se encuentra en toda nuestra vida social, no reperesenta una amenaza para los valores liberales sino que es la precondición de su existencia .

 

la creación de una función de status consiste en conferir un “poder nuevo”. ¿Qué clase de poder podríamos crear por mero acuerdo colectivo? Solo aquellas formas en que el reconocimiento o la aceptación colectivas del poder sean constituyentes de tenerlo. El mecanismo no pone restricciones sobre el objeto y no requiere que los participantes sean conscientes de lo que ocurre.

 

Una excepción a la tesis de que todos los HI entrañan poder es los HI honoríficos, porque entrañan status puro pero sin función, no hay derechos o poderes relacionados con la nueva entidad que cuenta como Y.

 

Si tenemos en cuenta distintos rasgos formales de la realidad isntitucional, podemos distinguir cuatro grandes categorías:

1- simbólicas: los poderes simbólicos o creación del significado: imponemos intencionalidad a entidades que no son intrínsecamente intencionales y al hacerlo creamos lenguaje y significado.

2- deónticas: poderes deónticos o creación de derechos y obligaciones: hablamos de dos grandes categorías de funciones de status: poder positivo, -lo que el sujeto puede hacer-, los derechos, el sujeto es dotado de algún poder; y el poder negativo, -lo que el sujeto debe hacer-, las obligaciones, lo que se le requiere que haga como resultado de la asignacion de status .

3- honoríficas: el status por sí mismo, sin ulteriores consecuencias (la victoria o derrota en los juegos por ejemplo)

4- procedimentales: los pasos a seguir hacia los derechos y reponsabilidades o hacia los honores y desgracias.

 

Para mostrar la estructura lógica del poder convencional, Searle trabaja con la lógica modal, la cuantificada, la deóntica, y una lógica que llama “institucional”. Tales demostraciones exceden las pretenciones de este resumen, por lo cual, diré simplemente que con la estructura lógica se ve que las cuatro categorias descritas no se pueden mantener como independientes sino que todas se fundan el lo deóntico. El capítulo concluye con la operación lógica que crea la realidad institucional:

nosotros aceptamos colectivamente que (S tiene poder (S hace A))”. Toda la complejidad de la realidad institucional se levanta sobre esta base tan sencilla: solo tenemos la capacidad de imponer status y con el, una función, mediante acuerdo o aceptación colectivos, eso es todo.

 

 

5- La teoría de los hechos institucionales,

segunda parte: su creación, mantenimiento y jerarquía

 

Ya se ha dicho que la institución permite la creación de HI a partir de hechos sociales y de hechos brutos; consisten éstos en reglas constitutivas practicas y procedimientos con la forma de “X cuenta como Y en el contexto C”. Dentro de la institucion se distinguen tres elementos: la creacion inicial del HI, su existencia continuada y su representación oficial (normalmente lingüística) en forma de indicacdores de status.

 

La creación: se imponen funciones de status nuevas a fenómenos que ya tenían funciones de status. Un caso especial es el de las expresiones performativas: se impone una función de status nueva a un acto de habla, y esta nueva función es la de imponer una función de status.

 

La existencia continuada: se da a través del reconocimiento y aceptación de la existencia de los HI por los individuos implicados y un número suficiente de miembros de la comunidad. La función, para ser cumplida, requiere del status, y éste se constituye colectivamente, por lo cual, para mantenerse, la aceptacion colectiva del status ha de ser permanente.

 

La ceremonia suele aplicarse para sugerir que lo que está en curso es más que la mera fórmula “X cuenta como Y en C” y de ese modo estimular la aceptación continuada de la estructura, pero lo cierto es que lo esencial es la aceptación colectiva. La fórmula se aplica tanto para la creación como para la persistencia del fenómeno.

 

Indicadores de status:como los HI existen solo por acuerdo humano, en muchos casos requieren representaciones oficiales (indicadores) porque la existencia de HI no puede ser inferida de los hechos brutos de la situación (el caso de la guerra sería una excepciòn) . La función de los indicadores de status es epistémica, tienen el papel de identiicar (es necesario distinguir entre el papel del lenguaje a la hora de “constituir” el HI y su papel a la hora de “identificar” lo que ha sido ya constituido). Queda claro que en los HI, el lenguaje no solo describe sino que es constitutivo de la realidad.

 

Searle introduce la jerarquia de los hechos, yendo de los brutos a los HI. “Uno de los objetivos de este libro -nos dice-, es mostrar…cómo el mundo de las instituciones es parte del mundo físico. Una taxonomía jerárquica os enseñará el lugar de la realidad social, institucional y mental dentro de una única realidad física” (p.132)

Taxonomía: Hechos: físicos brutos y mentales. De los mentales, distingue: intencionales y no intencionales. Dentro de los intencionales: singulares y colectivos (sociales). Dentro de los sociales: los que lo son por asignación de función y el resto. Las funciones asignadas pueden ser agentivas y no agentivas. Dentro de las agentivas: las causales agentivas y las de status, que constituyen los HI, donde queríamos llegar. A su vez, los HI podrán distinguirse en lingüísticos y no lingüísticos, por su status temporal o por operaciones lógicas.

 

Un modo de imponer una función a un objeto es empezar a usar el objeto para que cumpla esa función. Los presupuestos de uso de entidades que tienen una función, a menudo tienen la forma de fenómenos de “trasfondo” que tomamos por dados. Las generaciones siguientes simplemente crecen en una cultura que ya contiene estos hechos y no piensan en la imposición de intencionalidad colectiva, pasan así a formar parte del trasfondo, noción que explicará en el siguiente capítulo.

 

 

6- Las capacidades del trasfondo y la explicación de los fenómenos sociales

 

La estructura de las instituciones humanas es una estructura de reglas constitutivas, pero la gente que participa en las instituciones no lo hace siguiendo esas reglas. Searle intentará explicar cómo podemos relacionarnos con estructuras de desempeño de papeles cuando no conocemos las relgas y por lo tanto no podemos observarlas ni consciente ni inconscientemente, a través de la tesis del “trasfondo”, definido como el “conjunto de capacidades no intencionales o preintencionales que posibilitan los estados intencionales de función”. Los estados intencionales solo funcionan dado este conjunto de capacidades del trasfondo que no son ellas mismas intencionales. Se entiende por “capacidades”: las habilidades, disposiciones, tendencias, como categorías de causación neurofisiológica que funcionan causalmente, no como condicines lógicas de posibilidad.

 

Funciones del trasfondo:

1- permite que se dé la interpretación lingüística de la manera estereotípica adecuada

2- permite que se dé la interpretación perceptiva: lo que vale para la semántica, también para la percepción. Añadimos al estímulo perceprivo bruto un conjunto de habilidades de trasfondo, la percepción es “percepcion como” porque apelamos a las categorías familiares.

3- estructura la conciencia: toda intencionalidad consciente es aspectual y la posibilidad de percibir, es decir, de experimentar bajo aspectos, requiere una familiaridad con el conjunto de catagorías bajo las cuales se tiene la experiencia de esos aspectos. No se trata de “interpertar” porque eso constituye una prestación intelectual especial y para ver un objeto o entender una sentencia no media acto alguno de interepretación.

4-las secuencias temporalemente extendidas de las experiencias vienen a nosotros en forma de categorías dramáticas: así como nuestras experiencias nos ocurren en forma de aspectos, así también hay una forma narrativa para las secuencias de experiencias.

5- tenemos un conjutno de disposiciones motivacionales que condicionan la estructura de nuestras experiencias.

6- el trasfondo facilita ciertas clases de predispocisión para ciertas cosas y no otras. Estas predisposiciones también estructuran la naturaleza de las experiencias.

7- el trasfondo nos dispone a ciertos tipos de conducta.

Todas éstas son maneras en que el trasfondo se manifiesta en las formas en que se da la intencionalidad.

 

Para explicar la causación del trasfondo no valen los dos modelos típicos de las ciencias sociales: ni la causación mental (paradigma de la decisión racional de acuerdo con las reglas) ni la física bruta (el conductismo por ejemplo). Tampoco el punto de vista que dice que las reglas no tienen realidad salvo como parte de una descripción teorética de los fenómenos y se limitan a describir la conducta sin causarla. Ni el que dice que la conducta está gobernada por las reglas al ser internalizadas. Searle no acepta ninguna de estas ideas. El trasfondo puede ser sensible a las formas específicas de las reglas constitutivas de las instituciones sin necesidad de contener creencias, deseos o representaciones de esas reglas. El saber práctico que se adquiere, es un relfejo de los conjuntos de reglas constitutivas, merced de las cuales imponemos funciones de estatus, creando HI. Las reglas no se interpertan a sí mismas nunca, no son exhaustivas y en muchas situaciones, solo sabemos como lidiar con la situacion, sin aplicar las reglas ni consciente ni inconscientemente. Lo que ocurre es que desarrollamos habilidades que son sensibles y reactivas a esa particular estructura institucional.

 

Cómo funciona: la persona se comporta del modo en que lo hace porque tiene una estructura que le dispone a actuar de ese modo (nivel causal); y a su vez, ha llegado a estar dispuesta a comportarse así porque es el modo que se conforma a las reglas de la institución (nivel funcional). La persona no necesita saber las reglas de la institución y secundarlas para conformarse a ella. El mecanismo explica la conducta, y es explicado por el sistema de reglas, pero el no es necesariametne un sistema de reglas. Se está proponiendo la adición de otro nivel para explicar cierta clase de conducta social.

El individuo ha desarrollado un conjunto de capacidades y potencialidades que le hacen domésticamente confortable la vida en sociedad; ha desarrollado esas capacidades porque esas son las reglas de su sociedad, pero de ahi no se sigue que haya internalizado las reglas y las cumpla.

 

 

Defensa del realismo externo (RE)

7- ¿Existe el mundo real?

Primera parte: los ataques al realismo

 

Es hora ya de defender el contraste en el que descansa mi análisis, de defender la idea de que existe una realidad totalmente independiente de nosotros.” (p.159)

Así comienza Searle la última parte de su libro, tres capítulos dedicados a la defensa de la tesis del RE y de la verdad como correspondencia, persupuestos que sostienen su visión del mundo.

 

Define RE como la concepción según la cual “el mundo (o la realidad, o el universo) existe independientemente de nuestras representaciones del mismo” (p.160), que no es exactamente lo mismo que la concepción de una realidad ontológicamente objetiva independiente de nuestras mentes. Ya hemos visto que Searle ha distinguido entre los sentidos epistémico y ontológico por un lado, y objetivo y subjetivo por otro. Los dolores, por ejemplo, son ontológicamente subjetivos pero no son representaciones, por lo tanto, independientes de las representaciones pero no de la mente. La objetividad ontológica implica el RE, pero no a la inversa.

 

En segundo lugar, afirma que los seres humanos disponen de varios modos interconectados de acceder a este mundo, y de representarse sus rasgos. Al conjunto de todos estos modos, los llama “representaciones”. Esto implica que la subjetividad ontológica nos da acceso epistémico a toda la realidad a la que tenemos acceso, sea objetiva o subjetiva.

 

Tercer punto: todas las representaciones poseen intencionalidad, intrínseca (creeencias, percepciones) o derivada (mapas, enunciados). En la medida que estas representaciones tengan éxito o fracasen, serán verdaderas o falsas. Son verdaderas si y solo si se corresponden con los hechos de la realidad.

 

En cuarto lugar, los sistemas de reperesentación son creaciones humanas y por ello arbitrarios. Esta es la tesis de la “relatividad conceptual”.

 

Quinto: la objetividad epistémica es difícil porque las motivaciones deben ubicarse en un contexto cultural e histórico determinado.

 

Por ultimo, poseer conocimiento significa poseer representaciones veraderas porque el conocimiento es objetivo por definición en el sentido epistémico, no se basa en criterios arbitrarios.

 

El mundo existe no solo independientemente del lenguaje, también del pensamiento, de la percepción, de las creencias, es decir, la realidad no depende de la intencionalidad en forma alguna.

Una de las confusiones que llevan a atacar el RE es suponer que es idéntico a la teoría de la verdad como correspondencia, cuando en realidad es consistente con cualquier teoría sobre la verdad ya que es una teoría ontológica, no semántica. La teoría de la verdad como correspondencia implica el RE pero no a la inversa.

 

Otra confusión es pensar que hay algo epistémico en el RE, en general, los argumentos en su contra suelen serlo.

 

Un tercer error es pensar que el RE tiene un solo léxico para describir la realidad, que esta misma ha de determinar cómo debe ser descrita. Esto no es así, incluso es consistente sostener junto con el RE, la tesis del “relativismo conoceptual”.

 

En resumen, el RE que defenderá Searle no es una teoría de la verdad, ni del conocimiento, ni del lenguaje. Es solo una teoría ontológica. Tampoco dice cómo es de hecho el mundo, solo que las cosas tienen una manera de ser que es lógicamente independiente de todas las representaciones humanas. Y cosas ni siquiera son “objetos”. Las representaciones no son la realidad representada. Para el antirrealista no hay una realidad independiente de la mente, lo que experimentamos como objetos son estados de conciencia. Para el realista, aún no habiendo objetos materiales, seguiría habiendo una realidad independiente de la conciencia y la inexistencia de los objetos será uno de sus rasgos.

 

Searle afirma que el realismo ha sido atacado ultimamente por el posmodernismo con argumentos vagos y oscuros, que “resulta gratificante para nuestra voluntad de poder la idea de que nosotros hacemos el mundo, que la realidad misma no es sino una construcción social, alterable a voluntad y susceptible de cambios futuros en cuanto nosotros nos sintamos inspirados” (p.167) y todo esto forma parte de una atmósfera intelectual postestructuralista que bien vista resulta ridícula.

 

Polemiza entonces con los tres agumentos antirrealistas que considera más “potentes”: el argumento de la relatividad conceptual, el verificacionista y el de “la cosa en si”.

 

1- El relativismo conceptual dice que el RE lleva a inconsistencias porque permite descripciones incosistentes de una realidad que existe de un modo supuestametne independiente. Pero el mundo real no se ocupa de cómo lo describimos. El RE acepta que la descripción de la realidad dependerá del sistema elegido, pero eso no niega la existencia de la realidad, más bien la presupone.

Searle critica el argumento desde la filosofía del lenguaje, distinguiendo la falacia uso-mención y las distinciones referencia-descripción de Frege.

 

2- El argumento verificacionista dice que solo podemos conocer nuestras propias experiencias; lo que consideramos como real, o bien no es más que sus contenidos, o bien es algo más allá que no podemos conocer. Toda validación de nuestro conocimiento descansa en la experiencia (los “sense data” de Russell), por lo cual, ésta parece ser consititutiva de la realidad. Searle sostiene que normalmente “percibimos” objetos y estados de cosas en el mundo, no “concluimos” que los objetos estan ahí por la evidencia, simplemente los vemos. En segundo lugar, de pensar que la única base epistémica para hablar del mundo externo esté constituida por nuestra experiencia, no se sigue que la única realidad de la que podemos hablar con sentido sea la de estas experiencias. Todas estas discuciones epistémicas, para poder ser formuladas, al final, siempre presuponen el realismo.

 

3- El argumento de “la cosa en sí” es una combinación de los otros dos: dice que no tenemos experiencias directas de la realidad, siempre estan permeadas por nuestros conceptos, por lo cual solo pueden referir a otras experiencias. No podemos ver las relaciones desde “fuera” de nuestro sistema de representaciones, y no podemos por tanto, compararlas con las “cosas en sí”. De ahí que hablar de una realidad trascendente sea un sinsentido. Como solo accedemos a la realidad interna de nuestro sistema cognitivo, el realismo maś que falso es ininteligible. Searle contesta diciendo que del hecho de que toda congnición acontezca dentro de un sistema congitivo no se sigue que ninguna de ellas lo sea por modo directo de una realidad que existe independientemente de toda cognición.

 

El problema de todos estos argumentos consiste en que desde antiguo, la filosofía occidental ha pensado que la realidad y la verdad deben coincidir; que la naturaleza de la realidad debía suministrar la estructura exacta de los enunciados verdaderos. Es esta concepción la que ha quedado desacreditada en nuestra época, pero no con ella el RE. Toda representación verdadera lo es bajo ciertos aspectos. Este carácter aspectual deriva de que la representación se hace siempre desde dentro de cierto esquema conceptual y desde cierto punto de vista, pero la realidad ontológicamente objetiva no tiene” punto de vista”.

 

 

 

8- ¿Existe el mundo real?

Segunda parte: se puede probar el realismo externo?

 

Searle ha desacreditado los tres argumentos fundamentales contra el RE, pero ¿puede dar alguno a favor? Este es un caso de marco en el que la demanda de justificar este marco desde dentro es siempre un sinsentido, porque querer probar el realismo lo presupone. Así como no se puede demostrar que la razón es racional o la validez, válida, cualquier cuestión que afecte a la correspondencia o no con el mundo externo, presupone su existencia, por lo cual, el RE más que una tesis es la “condición de posibilidad” de que haya tesis. Uno de los argumentos que suelen darse en favor del RE es el de la “convergencia” en la ciencia, pero solo pensar en fenómneos tales como la convergencia (o su falta), ya presuponen el RE.

 

El RE funciona dentro del trasfondo que se da por sentado, es un presupuesto necesario para parte del pensamiento y el lenguaje, no es una tesis empírica sino una condición de inteligibilidad para poder sostener ciertas tesis. No establece cómo es esta realidad externa, sino solo un espacio de posibilidades que debe existir independientemente de nosotros.

 

Solo se puede dar un argumento de tipo “trascendental” a favor del RE: presumir que cierta condición rige y tratar de mostrar los presupuestos de esa condición. Para ello, precisa dos versiones de antirrealismo:

1- la versión segun la cual toda la realidad consiste en estados de conciencia: el “idealismo fenomenalista”, y

2- la versión según la cual la realidad está socialemente construida y todo lo que pensamos como mundo real, no es sino cosas construidas por un grupo de personas: el “constructivimo social”.

 

Un argumento trascendental para oponer al idealismo fenomenalista sería aquel que tiene como condición nuestras prácticas, y como presupuesto, lo que nosotros, desde nuestro punto de vista, debemos presuponer cuando nos embarcamos en dichas prácticas. La condición es que de hecho tratamos de comunicarnos unos con otros profiriendo ciertas clases de expresiones en un lenguaje público. El presupuesto, el RE.

 

Como se dijo antes, el RE es un presupuesto del trasfondo para la comprensió normal de una clase muy amplia de expresiones. Un lenguaje público presupone un mundo público ya que muchas de las expresiones usadas pretenden referirse a fenómenos que son ontológicamente objetivos. Para que podamos entender estas expresiones como poseyendo condiciones de verdad, tenemos que dar por sentado un mundo que tiene una manera de ser independiente de nuestras representaciones. Esto último es una condición de inteligibilidad de nuestros enunciados, no epistémica, ni condición de verdad. En otras palabras, cualquier afirmación verdadera, presupone que las cosas tienen una manera de ser respecto del contenido de esa afirmación.

 

La distinción entre la realidad bruta y la realidad socialmente construida será la base para el argumento trascendental contra el constructivismo social: ya se dijo que los hechos físicos se distinguen de los HI, y estos últimos no existen independientemente de todas las representaciones. Los hechos sobre el dinero, por ejemplo, pueden ser epistémicamente objetivos aún si la existencia del dinero es socialmente construida y por consecuencia, ontológicamentes subjetiva.

 

Una realidad socialmente construida, presupone una realidad independiente de todas las construcciones sociales pues debe haber algo a partir de lo cual poder construir. La subjetividad ontológica de la realidad socialmente construida requiere una realidad ontológicamente objetiva a partir de la cual pueda esta levantarse. La forma lógica de la creación de realidad socialmente construida consiste en iteraciones de la estructura “X cuenta como Y en C”, y estas deben acabar en un elemento X que no sea una construcción institucional. De otro modo se produciría un regreso al infinito.

 

Searle demuestra que enunciados sobre hechos físicos, son representaciones en tanto enunciados, pero no presuponen la existencia de representaciones en el mundo como parte de las condiciones de su inteligibilidad normal, en cambio, los enunciados sobre HI, son representaciones en tanto enunciados, pero además, como hablan de rasgos del mundo dependiente de la representación, sí presuponen la existencia de representaciones para ser inteligibles. Asi, la comprensión normal del discurso sobre los HI, presupone la existencia de representaciones y del RE.

 

Con todo esto, no se ha probado que haya un mundo real, sino solo que estamos comprometidos con su existencia cuando hablamos entre nosotros, cuando nos comunicamos. “…El rechazo del realismo, la negación de la objetividad ontológica, es un componente esencial de los ataques a la objetividad epistémica, a la racionalidad, a la verdad y a la inteligencia en la vida intelectual contemporánea” (p.202), concluye el autor.

 

 

9- Verdad y correspondencia

 

Dice Searle: “…la posición que globalmente mantengo se funda en el RE, pasa por la teoría de la correspondencia y desemboca en la estructura de la realidad social” (p 203). Desde este punto de vista, intentará justificar la teoría de la correspondencia como una herramienta metológica para la investigación de los hechos sociales.

 

En principio, presenta un idea intuitiva de la verad como correspondecia con los hechos; en segundo lugar, repasa un conjunto de objeciones a esa teoría hechas por Strawson y otros; en tercer lugar, da una noción general de las relaciones entre verdad, hecho, correspondencia y descomillación. Excede a las pretenciones de este trabajo reproducir el detalle de los argumentos desde la filosofía del lenguaje, pero las conclusiones son: “verdadero” es el adjetivo para evaluar enunciados. Serán verdaderos los enunciados que son “fiables”, es decir, cuando la manera en que representan el ser de las cosas es la manera en que las cosas realmente son. El crietrio de la fiabilidad lo da la descomillación. El modo de ser de las cosas en el mundo es independiente de los enunciados.

 

Hecho” viene definido por aquello que hace verdadero al enunciado, pero no son lo mismo. Tiene sentido hablar de hechos que funcionan casualmente, pero no de enunciados veraderos que funcionan casualemente.

 

Conclusión

 

Desde mi punto de vista, la tradicional oposición que tendemos a hacer entre la biología y la cultura anda tan errada como la oposición tradicional entre cuerpo y mente”, nos dice Searle, y asegura que lo mental “es simplemente un conjunto de rasgos físicos del cerebro a un nivel superior de la descripción neuronal… la cultura es la forma que cobra la biología…” (p.231). Así entendida, las diferentes culturas son formas en que se manifiesta una subestructura biológica subyacente. Por eso, no hay ruptura radical entre la ontología de la biología y una ontología que incluye los HI; los términos de conexión entre estas son la conciencia y la intencionalidad.

 

Lo especial en la cultura es la intencionalidad colectiva y la asignación colectiva de funciones de status a fenómenos que no pueden cumplirlas por sus meros rasgos físicos. El caracter especial de las estructuras institucionales es la capacidad de simbolizar, que no deja de ser una biológica. La función agentiva es la de representar objetos y estados de cosas en el mundo y los HI existen por la mediación del acuerdo humano y esta capacidad de simbolización.

 

 

Análisis comparativo:

¿Contrucción social de la realidad o construcción de la realidad social?

 

 

 

El autor del prólogo de la edición de Paidós a la obra de Searle, Antoni Doménec, dice que ésta parece ser un “ remedo de -y enmienda al- título del famoso libro de los sociólogos Luckmann y Berger”, aunque no aparezcan citados ni una vez en La construcción de la realidad social.

 

Las preocupaciones de cada obra

 

Ya en el título de la introducción, Berger y Luckmann (BL) anuncian la primordial peocupación de su libro: la Sociologia del conocimiento; redefinir su objeto de estudio para que dé cuentas de la construcción social de la realidad. Si la construcción de la realidad social siempre ha sido un problema filosófico y ahora la filosofia lo trivializa, nos dicen en la conclusión, el sociólogo pasa a ser el “heredero” de tales cuestiones filosóficas.

 

En Searle, en cambio, la Sociologia no cuenta para nada, ni siquiera el tema del conocimiento parece tener un peso importante en su texto. Su objetivo es polemizar contra los argumentos antirrealistas, y entre ellos, el constructivismo social que postula la realidad toda, como un producto colectivo del hombre – podría ser perfectamente la posición de BL, aunque todos los autores antirrealistas que repasa Searle son filósofos-. Encajar la realidad de los hechos sociales

(o institucionales; para fines de este análisis no haré diferencia entre ellos) dentro de la ontología de la realidad general, externa, objeto de las ciencias, es su propósito.

 

El método

 

El primer objetivo que se plantean BL, es un análisis sociológico de la vida cotidiana o del conocimiento que en ella orienta la conducta, a través de un “análisis fenomenológico, descriptivo, empírico”, pero no científico. Este será el método general del libro, la descripción fenomenológica, sociológica de como se construye socialmente nuestra realidad.

 

Searle, en cambio, encara la cuestión desde la lógica y la Filosofía del Lenguaje, le interesa por sobre todo llegar a la “estructura lógica” de la construcción de los HI. El trabajo sobre el lenguaje, por ejempo, será en este sentido mucho más intenso que en BL, y al revés, estos últimos dedicarán toda una parte del libro al estudio de la internalización de la realidad por parte del sujeto, cosa que Searle apenas menciona.

 

Los límites del análisis

 

BL se enfocan solo de la realidad social, no parecen comprometerse con al existencia de una realidad física o natural fuera de esta en ningún momento.

 

Searle por su lado, tiene como objetivo general defender el RE, por lo cual, irá más allá de la realidad social para, como ya dije, hacerla encajar en una ontología que la trasciende, basada en la física, la biología y la química.

 

La “realidad”

 

Cuando definen la realidad como “cualidad propia de los fenómenos que reconocemos como independientes de nuestra propia voluntad porque no podemos hacerlos desaparecer”, BL parecen acercarse al RE, pero como dije, no se comprometen con la existencia de tal realidad externa: el término “reconocemos como” es clave en la definición. Por otro lado, inmediatamente después, argumentan que el interés sociológicco en materia de realidad y conocimiento se justifica en la “relatividad social” de éstos: las diferentes sociedades presentan “diferencias observables” en lo que consideran como “real”, cosa que los ubica claramente del lado del argumento contra el que polemiza Searle al final de su libro, el “constructivismo social”.

 

La biologia en BL se presenta como límite, y el ambiente natural como inaccesible sin mediaciones sociales. La apertura al mundo es intrínseca a la “constitución biológica” del hombre, pero está siempre precedida por el orden social. Esta afirmación contradice la taxonomía de los hechos de Searle con los físico-brutos en la base de la jerarquía.

 

En Searle, al contrario, hay una apuesta evidente por la realidad externa independiente de nuestra conciencia y sus representaciones, desde el comienzo y como propósito de la obra. El grueso de la metafísica deriva de la física, nos dice, la teoría atómica y la biología evolucionaria lo explican casi todo. La pregunta por la realidad social es, insisto, cómo encaja ésta en la ontología general.

 

En Searle el mundo existe independientemente de toda forma de intencionalidad -lenguaje, pensamiento, percepción, creencias-. No nos dirá cómo es el mundo, solo, siguiendo la tesis del RE, que tiene una manera de ser lógicamente independiente de toda representación humana. Tampoco demostrará que exista tal realidad externa, solo que estamos comprometidos con su existencia desde el momento en que nos relacionamos y comunicamos en nuestra vida social.“La posición que globalmente mantengo, dice Searle, se funda en el RE, pasa por la teoría de la correspondencia y desemboca en al estructura de la realidad social”.

 

El ser humano y su conciencia:

 

BL sostienen con claridad que “el hombre se produce a sí mismo”; el proceso por el cual se llega a ser hombre se da en la interrelación con el ambiente, pero no hay una “naturaleza humana en el sentido de sustrato establecido biologicamente”, solo variables antropológicas que delimitan y permiten la variedad socio cultural (antropologicas, no biologicas, como dice Searle).

 

Por otro lado, toda la tercera parte del libro está dedicada a explicar el momento de la dialéctica en el cual el hombre internaliza, subjetiviza la realidad social. La identidad misma del individuo se forma en los procesos sociales, es determinada por la estructura social, representa la realidad objetiva dentro de la que se ubica, “somos lo que se supone que seamos”. Surge de la dialéctica entre el indidviduo y la sociedad.

 

Searle casi no trata el tema de la subjetivación de la realidad social por parte de los individuos, y

así como la física atómica explica los fenómenos físicos en general, la biología evolucionaria da cuenta de nosotros como seres en el mundo; la consciencia no es más que un rasgo biológico, físico y mental de los sistemas nerviosos superiores que somos, y de esta consciencia viene la intencionalidad.

 

El concepto de “trasfondo” en Searle da cuenta de las capacidades del hombre para lidiar con su ambiente, son categorías de “causación neurofisiológicas”, la estructura de la que dispone al hombre para actuar de cierto modo y que por otro lado, ha llegado a estar dispuesta así porque es el modo que se conforma con las reglas de la institución. En este punto, parece haber un juego dialéctico en Searle también, pero no se trata de la internalización de las reglas como sostienen BL, porque para Searle, el individuo no conoce normalmente las reglas, sino que ha desarrollado un conjunto de capacidades que le hacen domesticamente confortable la vida en sociedad y las ha desarrollado justamente porque estas son las reglas de la sociedad.

 

Es interesante constatar que también en BL aparece el término “trasfondo”, pero en el contexto del proceso de habituación en las actividades del hombre, que antecede siempre a la institucionalización. Esta habituación proporciona un “trasfondo” estable en el que la actividad se desenvuelve con economía de esfuerzo, dejando la energía disponible para decisiones más importantes , para la deliberación o la innovación. Como vemos, también el trasfondo se forma en sociedad.

 

La conciencia colectiva y la intencionalidad

 

Cuando BL hablan de la “internalización” de la realidad social por parte del sujeto, parecen no considerar una conciencia “individual natural” en el sentido de no afectada por lo social; como dije, la identidad misma del individuo se forma socialmente. A través de los “roles” sociales, se objetiva el comportamiento; las instituciones siempre se encarnan en la experiencia individual. Al desempeñar un rol, los individuos participan en el mundo social, al internalizarlos, ese mundo social cobra realidad subjetiva para ellos.

 

En Searle, en la taxonomia de hechos específicamente, queda explícito que la intencionalidad individual, que parece dar cuenta de una conciencia individual, está separada de la intencionalidad colectiva y no pertenece a la rama estructural por la que llegamos a los HI. Si bien cada sujeto tiene su conciencia, el aspecto “individual” de esta no parece tener que ver con lo social.

 

La “conciencia colectiva” de Searle por otro lado, no es una conciencia supraindividual que “flota” sobre los individuos, sino la conciencia individual con forma de “nosotros”. Esta idea no se encuentra alejada de BL en tanto que para ellos las instituciones también se encarnan siempre en la experiencia -y en la conciencia- individual.

 

Ahora, es importante destacar que en Searle, esta conciencia colectiva es un “fenómeno biológico primitivo que no puede ser reducido a, o eliminado en favor de otra cosa”, es decir, volvemos a basarnos en la naturaleza y la biología.

 

En cuanto a la “intencionalidad”, se nos presenta como una característica de la conciencia: siempre dirigida a objetos que se le aparecen como constitutivos de las diferentes esferas de la realidad, para BL. Como la capacidad de la mente de representarse objetos y estados de cosas del mundo distinto de uno mismo para Searle. Otra vez vemos que no hay un compromiso en BL con la existencia de una realidad no humana (el “se le aparecen como” de la definición da la pauta), mientras que Searle la presupone.

 

La realidad social, los procesos de su creación y mantenimiento

 

Tanto BL como Searle acuerdan en que la realidad social es construida por el hombre, el único estatus ontológico que se le puede dar al orden social es el de producto del hombre, aseguran los primeros.Cuando Searle plantea, por su parte, la pregunta esencial: cómo construimos una realidad social objetiva, no parece estar muy lejos de la visión de BL, pero hemos de recordar que ha partido de la tajante diferencia entre hechos brutos y hechos sociales como base para iniciar la reflexión.

 

Para BL la vida social cotitiana se presenta como una realidad “interpretada” por los hombres con el significado subjetivo de un mundo coherente. Desde el comienzo estamos inmersos en la realidad social y analizando las cosas desde dentro, el proceso que va de la habituación y la historicidad de las tipificaciones, a la institución, siempre es desde la experiencia del hombre, desde su consciencia, aunque se “le presete” como objetivada y externa.

 

Searle también comienza hablando de la “metafísica de la vida cotidiana” y toda su carga de HI, constata que el niño crece en una realidad social que le es dada y que le resulta natural. Siendo esta realidad social creada por nosotros para nuestros propósitos, se nos presenta incluso mucho más inteligible que el mundo natural. Nos educamos en una cultura que da por sentada la institucion, y los participantes no necesitan tener consciencia de que ellos mismos la han creado o la mantienen mediante la asignación colectiva de funciones.

 

Pero en Searle, lo que importa no es la descripción fenomenológica del proceso, sino llegar a la estructura lógica que da cuenta tanto de la creación como del mantenimiento de los HI: la regla constitutiva y regulativa “X cuenta como Y en C”. Con esta regla, la asignación de funciones y nuestra intencionalidad colectiva, creamos la realidad social, pero a partir de los hechos físicos ya dados. El factor X en la regla es fundamental y decisivo, no depende del acuerdo humano; suponer que todos los hecho son sociales (creados por el hombre) implica un regreso al infinito en términos lógicos.

 

Una vez conseguida la fórmula constitutiva de los HI, la sociedad toda quedará explicada por la iteración constante de esta a lo largo del tiempo. Y si ha sido posible encontrar una estructura lógica en el orden social es porque este último contiene representaciones mentales y lingüísticas como elementos constitutivos, y ya sabemos que las representaciones tienen estructura lógica. Así constiutidas, las instituciones se mantienen por la aceptación colectiva del sistema de funciones de status, nunca por la fuerza. Si se pierde la aceptación, el sistema colapsa. La formula se aplica entonces, tanto para la creación como para la persistencia del fenómeno.

 

En BL, el sistema corre riesgos de colapsar cuando se crean universos simbólicos alternativos sostenidos por un grupo importante de individuos. En esos casos, se intentará mantener el universo “oficial” frente a las alternativas divergentes por la aplicación y legitimación de distintos mecanismos de represión. Todo esto conlleva cuestiónes de poder. La filosofía, entre otros, legitima conceptualmente estos mecanismos represivos.

 

También para Searle, las funciones de status colectivamente impuestas son asuntos de poder, la estructura misma de los HI lo es, y el poder se encuentra en cada rincón de nuestra vida social como la precondición de su existencia. Dicho sea de paso, después de Foucault es difícil no estar de acuerdo con que allí donde se den relaciones humanas, habrá relaciones de poder.

 

El conocimiento

 

En BL, el conocimiento se construye socialmente, la lógica del orden social es parte de este “acopio social de verdades reconocidas acerca de la realidad”. El conocimiento programa la forma en que se objetiva el mundo a través del lenguaje, por él aprehendemos la realidad social como objetiva y a la vez la reproducimos.

 

En Searle no hay un tratamiento importante, como ya dije, del conocimiento, salvo en su defensa de la teoría de la verdad como correspondencia, pero aún así, lo poco que dice vuelve a dejar clara la diferencia con BL: poseer conocimiento significa poseer representaciones verdaderas, es decir, que se corresponden con los hechos de la realidad externa que nos representamos. En BL, el conocimiento pertenece enteramente a la realidad social, en Searle da cuenta de una realidad no social.

 

Universo simbólico y lenguaje

 

Para BL, el lenguaje da sentido y significado al orden con el que nos encontramos en la vida cotidiana, es un caso especial de objetivación. Compartimos “cuerpos específicos de conocimiento”, distruibuido socialmente y solo cuando la objetivación produce un sistema de signos (el lenguaje es el decisivo en este sentido), se puede hablar de sedimentación social y no meramente intersubjetiva. El lenguaje es el vehículo principal para la sociabilización del hombre.

 

Los orígenes del universo simbólico, dicen BL, arraigan en la constitución del hombre, integra las discrepancias de la vida cotidiana, ordena la historia y ubica los acontecimientos colectivos dentro de una unidad coherente en el tiempo. Legitima la realidad, pero siempre basando su existencia en las vidas de individuos concretos.

 

En la obra de Searle, el lugar del lenguaje es preponderante, de hecho gran parte de su argumentación proviene de la Filosofía del lenguaje. Su papel es fundamental: es “constitutivo” de la realidad intitucional y goza de primacía lógica porque toda la realidad social lo presupone. Las palabras tienen la capacidad de simbolizar, que es intrínseca a la intencionalidad humana, no puede haber un modo prelingüístico de formar un acuerdo colectivo, el paso de X a Y en la regla constitutiva de los HI es simbólico (o lingüístico). Y en cuanto a la realidad externa, necesitamos el lenguaje para poder expresarla, en todo sentido es epistémicamente indispensable.

 

En Searle encontramos también otro papel del lenguaje muy específico en tanto un especial tipo de HI: las declaraciones performativas que asignan funciones de status por el solo hecho de ser expresadas, creando nuevos HI.

 

La dialéctica fenomenológica y la estructura lógica

 

Laconcepción de la relación entre el hombre y el mundo social como una dialéctica, en BL, marca a mi entender, la gran diferencia con Searle. El hecho de que la sociedad sea un producto humano, una realidad objetiva y que el hombre mismo sea un producto social son tres momentos de la dialéctica constante en que se mueve esta relación entre el hombre y el mundo: externalización, objetivación e intenalización.

 

Planteado así el análisis, si no se tiene en cuenta el movimiento dialéctico y nos plantamos en un momento fijo del proceso, se nos presenta la paradoja: el hombre produce un mundo que luego experimenta como externo y distinto de su propio producto, una realidad que lo niega como su creador. BL nos advierten: el problema de no consierar esta dialéctica es la “reificación”, la aprehensión de los productos humanos como si fuean cosas naturales, paso extremo de la objetivación. Este mundo reificado se experimenta como inhumano, enfrentado con el hombre, cosa que hace que el proceso de institucionalización parezca irreversible e inmodificable. El mundo social se fusiona así, con el “mundo de la naturaleza” (he de decir que si bien aquí BL hablan del mundo de la naturaleza, siempre es desde el punto de vista de la experiencia del hombre, sin afirmar su existencia)

 

El análisis de Searle parte, en cambio, de una lógica lineal ascendente: la taxonomia de hechos se alza sobre la base de los hechos brutos, de la realidad externa independiente del hombre, no hay dialéctica alguna, la base es fija e inamobible, presupuesta para poder llegar a la cúspide de los HI.

 

Searle dice explicitamente: “uno de los objetivos de este libro es mostrar… cómo el mundo de las institucuiones es parte del mundo físico. Una taxonomía jerárquica os enseñará el lugar de la realidad social, institucional y mental dentro de una única realidad física” (p 132).

 

 

Conclusiones

 

BL: El hombre esta biológicamente predeterminado a construir y habitar un mundo con otros, mundo que se convierte para él en la realidad dominante y definitiva. Los límites de este mundo están trazados por la naturaleza, pero el mundo del hombre vuelve a actuar sobre ésta y en esa dialéctica, el organismo se transforma. El hombre produce la realidad y se produce a sí mismo. La realidad toda es un producto social.

 

Searle: lo mental es un conjunto de rasgos físicos del cerebro a un nivel superior, la cultura es una forma que cobra la biología, así, la relatividad cultural que se proponían explicar BL, no es más que diferentes formas en que la subestructura biológica subyacente se manifiesta. No hay ruptura entre la ontología de la biología y la de los HI; la conciencia y la intencionalidad son los términos que las conectan, siendo lo especial de la sociedad, la intencionalidad colectiva y la asignación colectiva de funciones a fenómenos físicos. La capacidad de simbolizar y con ella el lenguaje, no deja de ser tampoco una capacidad biológica. La realidad social es parte de una realidad ontológicamente independiente y externa al hombre.

 

La realidad en la que vivimos desde que nacemos hasta desaparecer, sin poder salir nunca, la única sobre la cual podemos reflexionar, puede considerarse toda ella “social” en este sentido de no tener acceso -al menos epistémico- a ninguna otra realidad, pero no dejamos de tener la fuerte “intuición” de que hay una realidad que va más allá y que tiene una forma suya de ser distinta de nuestras representaciones. ¿Construcción social de la realidad o construcción de la realidad cocial? He ahí una de las cuestiones de nuestro ser-en-el-mundo a la que dificilmente podamos dar una respuesta unívoca.

 

* Saldivia C., Flavia, texto para Filosofía Social I, prof. Joan González, Universidad de Barcelona, Diciembre 2009

 

Bibliografía

Peter Berger y Thomas Luckmann, La construcción social de la realidad, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993

John Searle, La construcción de la realidad social, Paidós, Barcelona, 1997

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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